sábado, 10 de julio de 2010

Summertime

Cuando llega el verano, con la jornada intensiva ("¿y qué es eso?", dirán algunos), la publicidad se adormece un poco.
No es verdad que la siesta fuese inventada por Leonard Cohen en una tarde de viernes. Es un rumor sin confirmar. Y tampoco es cierto que el convenio colectivo del sector negociara, años atrás, la siesta obligatoria en julio y agosto a cambio de un par de horas diarias más en invierno.
Sin embargo, hay estudios que relacionan el verano con un determinado tipo de pizza que ya no existe, como también insinúan que Gershwin escribió su célebre partitura sobre la valla de una casa mediterránea en la que se perdió un gato.
Pero nada de esto es importante. La Macarelleta siempre tiene a un viejo hippie observando a las nadadoras que madrugan para huir del barco de su patrón y del puerto que las sobresaltó. El intento de escapar de lo que está tras unos ojos que se empeñan en mirar hacia otro sitio, es una empresa inútil, aunque hay diosas que siempre nacen de la espuma marina.
Hermes, Ares y Hefesto no fueron suficientes para ella. Nada ni nadie lo fue. Las olas borraron sus pasos de la arena de la playa, pero no desaparecieron las otras huellas, las que se grabaron con la ronca voz de Louis Armstrong en la orilla de la tarde.

Sí, la publicidad se relaja en verano. En ese verano que antes tenía 44 tardes y ahora sólo una, interminable.

Mercurio, Marte, Vulcano... todos cayeron antes que las hojas muertas de un otoño que empezó la sexta jornada de septiembre y duró dos años y medio. "Summertime and the livin' is easy"... cantaban Louis y Ella. Pero Fitzgerald ya sabía lo que Armstrong ignoraba. Ella dijo luego que lloró mucho aquella tarde, pero fue Louis el que se marchó, susurrando, en solitario, la canción: "One of these mornings/You're goin' to rise up singing/Then you'll spread your wings/And you'll take the sky". Y se fue sin saber que las alas de Ella ya estaban desplegadas y volaba lejos.

Los osos duermen en invierno, pero las agencias sestean en verano. Fue en verano cuando Publidis y Víctor Sagi sorprendieron a una adormilada industria, varias décadas atrás. Fue a la vuelta del verano cuando aquél anunciante abandonó a su agencia por la puerta trasera.
"Prohibido fijar carteles. Responsable la empresa anunciadora", rezaba el cartel fijado al muro de ladrillo, pero su orgullo y su silencio fueron mayores, como la distancia en la que moría, día a día, Roberto Carlos. Y su agente de publicidad fue embalsamado en vida y trasladado al museo de los horrores, del que salió con el corazón extirpado por taxidermistas de oficio, cuyos ojos no daban crédito al frasco de formol en el que seguía latiendo como si estuviese vivo.

No es raro, no, porque las agencias siempre dejan su corazón, incluso su alma, en las marcas a las que se han entregado. Y los dejan para siempre. No importa quién maneje la cuenta en el futuro. No importa que pase de mano en mano, buscando una mejora económica que suele ser banal.
El corazón del publicitario sigue latiendo en el cuerpo de la que fue su marca. De la que fue su vida. No hay traición que sea lo suficientemente grande como para que deje de quererla. Sólo pide que allá, en el otro mundo, en vez de infierno encuentre gloria. Y la marca sigue viva porque se alimentó de la sangre de su agencia, que se lo dio todo, que se lo perdonó todo... cuando la vida era fácil... y cuando dejó de serlo.

"Summertime and the livin' is easy...", volvió a cantar Porgy. Y Bess guardó silencio... ¿para siempre?

2 comentarios:

Carlos dijo...

Esta siesta veraniega que dices bien ocurre después de los fastos de Cannes. Siempre ha ocurrido por entonces, después del festín creativo de las grandes marcas, cuando te vas a la cama pensando que el almuerzo de leones estaba muy sabroso. Pero no es así ni lo ha sido nunca. En la modorra estival, al otro lado del calor urbano y los pensamientos color oro trofeo espera el peor mes, septiembre, cuando tu cliente te dice que quiere la campaña siguiente para el día 1, a las 9 de la mañana en su despacho.

Don Castulo dijo...

¡Ay, qué siestas aquellas que duraban cuatro meses!De Junio a Septiembre incluidos porque lo decía el convenio. Cuando lo de Publidis y Victor Sagi, incluso después. Cuando el 15 % sobre el bruto y el 17,75 sobre el neto. ¡Ay que siestas aquellas!