viernes, 9 de mayo de 2014

El amor como instrumento

Para unos, el amor es un sentimiento. Para otros, un mero instrumento.
Dos palabras muy diferentes en su significado, pero que, de oído, pueden resultar parecidas. Tal vez sea por esta similitud sonora por lo que algunas personas las confunden con tanta facilidad...

Aunque tampoco faltan los que distinguen perfectamente una de otra y, sin equivocarse lo más mínimo, actúan con profesionalidad y eficacia, manejando las emociones ajenas como lo que para ellos son: un producto de consumo.

La instrumentalización del amor es antigua como el mundo y, a lo largo de la historia, son infinitos los casos en los que, mientras uno amaba, el otro se dedicaba a ejercer sus derechos como consumidor, con la misma naturalidad de quien se toma una Coca-Cola.
Y esto es algo que hoy sigue manteniendo intacta su vigencia.

Pese a todo, es de justicia reconocer que el amor es un instrumento utilísimo. Lubricado con las emociones de quien nos quiere, su maquinaria funciona con la precisión de un reloj suizo cuando se trata de conseguir lo que queremos de esa persona. Y, siguiendo con el ejemplo del reloj, tiene la ventaja de que podemos hacerlo por el tiempo exacto que lo necesitemos. Ni un segundo más.

Ninguna "it lady" (las "it girls" están ya muy vistas) pongamos por caso, desperdiciaría un instante que fuese más allá de lo estrictamente imprescindible en prolongar la vida de un instrumento afectivo que ya hubiese terminado su vida útil. Por supuesto, debemos entender por "vida útil" el período durante el cual el amor consumido está cubriendo un objetivo concreto, ya sea dicho propósito de una u otra índole.

Puede que tenga razón quien afirma que el amor como sentimiento cada vez tiene menos cabida en esta sociedad consumista y de remarcada tendencia hacia lo banal, en la que está bien arraigada la costumbre de instrumentalizar casi todo... desde la justicia hasta la propia lealtad y, desde luego, valores más abstractos, como el honor.
Sin embargo, resulta dramático observar cómo unos entregan su sangre y otros se la beben como si fuera un refresco de zarzaparrilla.

No es necesario ser una reencarnación de Mrs Bathurst, Elinor Glyn o Clara Bow para dominar, con virtuosismo, ese intangible instrumento, aunque, si lo eres, mejor. Lo que sí es imprescindible es tener el arrojo y la frialdad precisas para no desafinar ni una sola nota en tu sinfonía (muy especialmente, cuando el movimiento es un adagio).
Y, lo más importante de todo: tener a alguien que te ame y sirva para tus fines.

1 comentario:

adela mendo flores de mollán dijo...

el amor es un sentimiento que el mundo materialista suele confundir,por que sus egoísmos solo son satisfacer la carne u otras necesidades..el amor no espera ser correspondido,se afana por ver y sentir la felicidad del ser amado ,no es solo sexo,o comodidad,es mucho mas profundo que un me gusta o tiene que ser para mi,gracias @migo tus letras son de reflexión profunda ojalá los jóvenes se sientan atraídos a leerlas y tomen conciencia.
Adela Mendo