domingo, 10 de octubre de 2010

Triple diez

Al principio le daba miedo. Luego, se lo tomó a broma. Y acabó sirviéndole de grotesca excusa para urdir aquella terrible fantasía que un magistrado calificó de 'delirio'.
Pero era verdad que un gran dragón negro estaba bordado sobre el tapiz amarillo que presidía el salón. Eso sí era verdad. Casi todo lo demás se lo inventó.
Nunca creyó en el Doble Diez, la fiesta nacional de la China insular. Pero ningún año faltó el regalo. Siempre buscaba algo original, porque sabía que el Señor Ramón jamás dejaba de acudir a la recepción de la embajada.
Para celebrarlo, se ponía aquel vestido rojo y largo, con una gran abertura en un costado, hecho en Taiwan por el gran sastre de la seda, el maestro Shang Frehd-Ha.

Sólo una agencia en España celebraba este día, organizando una fiesta parecida a la del Año Nuevo Chino. Era una agencia cuya mascota, un dragón de ojos tristes y largos bigotes, salía de su refugio, rodeado de banderas y guirnaldas, seguido de una alegre procesión de empleados, clientes y proveedores. Por la noche, la gran cena china ponía el colofón a la jornada.

Pero la chica del vestido rojo tenía otros planes. El Doble Diez era para ella un fastidio. Una nueva complicación. Ella quería algo más fácil, algo del estilo de los asuntos anteriores, pero mejor, más duradero. Hizo todo lo posible por disimular. Los originales regalos chinos y el excelente pato servido en la comida confundían los sentidos y trastornaban el pensamiento. Era un truco excelente. Combinado con la seda roja producía unos efectos opiáceos inmejorables.
Sin embargo, el Doble Diez seguía repitiéndose, monótonamente, año tras año. Ya no sabía qué regalo comprar, se le estaba acabando el repertorio chinesco. Afortunadamente, quedaba Tintin y su Loto Azul. Dio mucho juego en tardes lejanas regadas de té.
El vestido seguía saliendo de su baúl todos los meses de octubre, para volver a su oscuro escondite el día once. Ella se veía distinta, pero los demás sabían que estaba igual. El vestido mágico obraba el milagro de evitar que el tiempo pasase para ella. Disfrutó muchos años de esta sensación... hasta que se dio cuenta de que era una trampa del destino. Ella perseguía el cambio, pero el cambio era imposible si, vestida de seda, el tiempo no avanzaba. Así que, un año, decidió no sacar el vestido del baúl. Como no podía ser de otra forma, el mundo se tambaleó a su alrededor. El viejo Doble Diez, casi centenario, se agazapó en su destierro de Formosa para no volver a salir. Los dragones perdieron su enigmática sonrisa y la luz se hizo negra y densa. Nada volvió a ser como era.

Hoy, por primera y única vez en cien años, el Doble Diez se convierte en el Triple Diez. Me gustaría pensar que ella va a dudar. Que sacará, tal vez en secreto, el vestido rojo de seda del interior del viejo cofre y se lo pondrá. Se mirará, en penumbra, al espejo y comprobará que la seda del maestro Shang Frehd-Ha sigue obrando el prodigio: el tiempo no ha pasado.
Y es que el tiempo no existe para los que creen, para los que sienten, para los que entregaron sus emociones y su alma. El tiempo sólo pasa para quienes quisieron construir la vida sobre los cimientos de la nada. Para los que dijeron "sí" y quisieron decir "depende".

Este domingo de otoño, el Triple Diez nos da a todos una nueva oportunidad.

2 comentarios:

Javier Montabes dijo...

Y mira que es fácil decir sí, lo difícil es decir no. Decir depende es de hombres sin valor. Los hombres con valor tienen miedo pero lo vencen, ellos son los valientes. Los que nunca sienten miedo son los inconscientes. Los que sienten miedo y no afrontan sus responsabilidades para superarlo son los cobardes, los del depende.

Paco, por favor, no nos recuerdes animalejos negros sobre fondo amarillo. Son sinónimos de muerte. Por lo menos en mi Pueblo. Aunque no son dragones (chinos) sino águilas negras.

Ella, con su traje rojo, con una larga abertura en un costado, mostraba su excepcional e infinita pierna. Nada más sensual.

Gracias por tus magníficos "pequeños cuentos de doble o triple fondo". Un abrazo!!

mae dijo...

Es mucho más que un comentario, incluso que un cuento, es una profunsda reflexión con múltiples lecturas. Lo realmente dificil es defender el camino a seguir, ese que hemos decidido antes si hemos sido capaces. Huyendo de rutinas y de comodidades aparentes.