jueves, 30 de septiembre de 2010

Abril en octubre

No es un juego de palabras. Abril empezó en octubre. El primero de octubre, para ser más exactos.
Los andaluces lo celebraron por todo lo alto. En unos tiempos en los que las emociones positivas escasean, que nos quieran es más importante de lo que pueda parecer a simple vista. Desde el "Spain is different" no habíamos tenido nada tan relevante en ese sector. Es verdad que era una campaña convencional, pero era grande, potente, profunda. La mejor posible.

Yo no soy imparcial, lo reconozco. Cuando el uno de octubre empezó una nueva primavera, hace ya unos cuantos años, también florecía frente a mi ventana y había jazmines y rosas blancas. Y yo creía que el balcón florido era mío y que era a mí a quien reflejaba la luna de su espejo. Todavía las tres letras no estaban en el horizonte y ni el dinero, ni el seis de septiembre habían llevado la miseria a quienes seguían creyendo en el futuro. Carlos Cano empezó a cantar su canción, escrita sobre las cenizas de otras siglas parecidas, ya desahuciadas (aunque despedidas con flores).
"Abril para vivir, abril para cantar. Abril la primavera floreció. Abril para sentir, abril para soñar...", seguía recitando Cano, "... abril para encontrar un nuevo amor".
Ahora todos sabemos que aquella renovada primavera andaluza empezó en octubre, aunque la golondrina luego se perdiese por el mar y nos dejase el dolor para cantar. Pero, claro, todo eso fue un año después. ¿Quién podía imaginar aquel espléndido día de primavera, apenas comenzado el mes de octubre, que entre la Macarelleta y la Grand Plage iban a ser capaces de destruir tan pronto un eslogan que prometía amor eterno?
Cuesta pensar que fuese publicidad engañosa. Cuesta creerlo. Cuesta aceptarlo. Yo me inclino por otra explicación más prosaica. Yo estoy convencido de que fue cosa de la golondrina. Es bien conocido que las golondrinas vuelven siempre a colgar sus nidos de nuestros balcones y luego llaman con el ala, jugando, a sus cristales. Pero también sabemos que aquellas, las que aprendieron nuestros nombres, no volverán.
Yo vi como el lucero azul se levantó por el amanecer y sé que es verdad que el cuerpo era de alondra, pero no sirve de nada haberlo visto ni saberlo, porque el pobre Carlos Cano se quedó con su soledad llena de flores y esta canción por el aire...

Ya dijo Bernbach que la diferencia entre lo que se olvida y lo que permanece se llama habilidad. Su seguidora golondrina tenía habilidad de sobra para olvidar y a fe que lo hizo, a los once meses escasos del nacimiento de la primavera que amaneció en octubre, verde como su nombre. Una primavera de la que ya había volado medio año antes, buscando aires más tibios y atardeceres templados.
Pero aunque tengamos clavadas sus oscuras alas en el alma, quienes celebramos el primero de octubre como el comienzo de Abril, seguimos mirando hacia donde se duerme el mar... por si Gustavo Adolfo se equivocó en sus predicciones.

El caso es que a Carlos Cano solo le dejó el dolor para cantar... y la luna de abril para olvidar.
Yo, como tengo algo más de memoria que él, seguiré recordando todos los años que Abril, verde y con una golondrina dentro, empezó en octubre.

Abril florecía frente a mi ventana... en octubre.

3 comentarios:

mae dijo...

Bonita en si misma tu reflexión pero a lo que me lleva es a pedirte prestada tu ventana, en la mía Octubre es el inicio del Otoño, lo que me parece un auténtico placer y salvo que me cambies también Abril por Octubre no me quiero perder esta estación que no me produce melancolía, como parece ser según algunos que les pasa a muchos, creo que nuevamente influenciados por los Medios y al final por los publicitarios, no por los publicitas. Me alegra el cambio y me gustan sus colores.

Paco González dijo...

Gracias por el comentario.
Nada es teoría. Me limito a contar lo que he visto.
Y no te puedo cambiar abril por octubre porque Abril empezó en octubre, pero octubre no empezó en abril...
:-)

Fernando Garcia dijo...

¿Y por que no dejamos las cosas como estaban, que no como están, pues ya estoy harto de que en Berlin haga tres años que no nieva!!!, por ejemplo. No juguemos con las estaciones y dejemos las cosas como estaban, que las estaciones las carga el diablo, y al paso que vamos, iremos a pasar el verano a un fiordo de Noruega, Ahora , tendría un punto el ver arruinarse a los especuladores de nuestro litoral.