miércoles, 17 de agosto de 2011

Notte di ferragosto

Calda la spiaggia e caldo il mare... cantaba Gianni Morandi aquel verano.
Es una noche dura. Ya lo era en los lejanos tiempos de Alhama, cuando Monárquicos y Republicanos luchaban por la supremacía local, bajo la displicente mirada de una efímera reina y su corte de torpes gigantes y violentos cabezudos.
Y es una noche larga. Dura un mes, aparte de sus prolegómenos, que empiezan a primeros de junio. En ella pasan muchas cosas. Demasiadas para los que tienen, como Morandi, un corazón que se resiste a enfriarse del todo.
Una noche en la que los que duermen, sueñan. En 2005, el departamento de investigación onírica de la universidad de UCLA publicó un estudio que defendía la tesis de que en esa noche se soñaba más que en todos los meses de invierno juntos.

Por lo que me cuentan, el informe tiene visos de estar en lo cierto. Comer, beber, amar... son prácticas habituales en agosto, incluso desde su primer día. Superado el sueño olímpico, se sustituye por ventiladores de techo que mueven lentamente el cálido aire brasileño. Y la patria chica de Cervantes, convertida en posada, mutila para siempre el alma de quien no está protegido contra la traición más feroz y despiadada. Tampoco faltan ciudades amuralladas previas, con almenas altas y puñales escondidos, llanto inmenso en lugares pardos o inútiles sorpresas insulares o cinematográficas en busca de lo que nunca existió. Hasta las fieras abandonan sus viejos aposentos o se vuela despacio sobre ellas sin apreciar la inmensidad de la sabana. Agosto es un mes en el que mueren amigos y madres.

Todo está programado en ferragosto, menos el insistente pensiero de Gianni Morandi, empeñado en recordar lo que nunca fue más que una patraña muy bien organizada que todavía tendría que escribir sus páginas más amargas.
Hay quien asegura que es una fiesta, pero muchos, ya desde la Roma pagana, no encuentran en ella ningún rescoldo festivo. Felicidades, escribió el autor de la antigua canción en junio, e inmediatamente recibió un Gracias! con signo de admiración. Luego hubo algo más. Sin embargo, un mes después, el silencio más estrepitoso marcaba, de nuevo, la hostilidad hacia una época tan veraniega como peligrosa para quienes creen correr el riesgo de ser abordados por corsarios de bandera negra y amarilla. O, tal vez, fuera mejor decir que fingen creerlo, pues han tenido pruebas de que el inmenso arsenal acumulado y el arrojo temerario demostrados nunca serán utilizados en su contra.

Pero en verano todas la precauciones son pocas, que nunca se sabe... Así que Gianni no vio sentido a volver a escribir una palabra amable y sincera en ferragosto. Seguramente, en esta ocasión el posible Gracias vendría sin signo de admiración. Y, sobre todo, vendría vacío y llegaría triste a su destino. Tan triste como su canción. Tan triste como esa interminable notte di ferragosto que sigue sonando en medio de todos los veranos: ... anche se mi ripeto che l'amore non c'è... no perché se ci fosse un amore così come quello che provo questa notte per te... tu saresti con me.

Lo dicho, la eterna canción.

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