miércoles, 18 de febrero de 2009

El Club de las Ideas

Cuando Montmorency Perrivale fundó el Club, no tenía muy claro lo que estaba haciendo. Sólo sabía que su eterno rival, Gustave Villebâtons, se le había adelantado y que, con la siniestra ayuda de su lugarteniente, Hubert Lane, pronto dominaría el pueblo. Su flamante y recién creado Club Financiero Internacional Villebâtons/Lane se había convertido en la gran atracción local.
Por si fuera poco, ya estaban anunciando su primera sesión de conferencias, con títulos tan rimbombantes como “Por qué nunca se hundirá Wall Street” o “Los secretos mejor guardados de los grandes financieros”.
Montmorency y sus amigos, aunque desolados ante lo que parecía imparable éxito de sus enemigos, tomaron una decisión desesperada: fundar su propio club.
Nada se les ocurría que pudiera contrarrestar el atractivo indiscutible que, entre las gentes del lugar, estaba despertando el ostentoso Club Financiero Internacional Villebâtons/Lane, así que, siguiendo la sugerencia del hermano pequeño de su novia, fundó El Club de las Ideas e, inmediatamente, colgó un cartel en la puerta, dando a conocer el título de su primera conferencia: “No tenemos ni idea de cómo tener ideas”.

El hecho de que la primera conferencia organizada por Montmorency coincidiese con el gran evento inaugural del Club Financiero Internacional Villebâtons/Lane, en el que tenían anunciada su presencia dos grandes expertos en economía mundial, daba pocas esperanzas al Club de las Ideas, cuya modesta sesión estaba programada en el invernadero de la señora Brown, frente a la convocatoria de Villebâtons/Lane, que tendría lugar en el impresionante Salón Dorado del Grand Hotel. Para acabar de completar el oscuro panorama de Perrivale y sus amigos, la conferencia del Club Financiero Internacional estaba patrocinada por el alcalde, mientras que Montmorency se había visto en la necesidad de cobrar un penique por cabeza a quienes asistieran a su charla, para cubrir los gastos del té que iba a preparar la animosa señora Brown…

Pocos minutos antes de la hora programada para ambas conferencias, una auténtica marea humana bajaba por la calle central del pueblo, en dirección a la plaza, en la que se alzaba, majestuoso, el Grand Hotel. Frente a su entrada principal, engalanada adecuadamente para la ocasión, Villebâtons y Lane esperaban, iluminados sus rostros por sendas sonrisas de satisfacción y suficiencia, la inminente llegada de su audiencia, que presumían numerosa y expectante.
Sin embargo, la alegre y desenfadada multitud que descendía calle abajo, pasó de largo ante el Grand Hotel, sin tan siquiera dedicar una mirada a la elegante y atónita pareja que hacía guardia ante su puerta, y encaminó sus pasos hacia el pequeño jardín de la señora Brown, situado a no muchos metros del magno establecimiento hotelero.

Unos meses más tarde, el Club Financiero Internacional Villebâtons/Lane cerró definitivamente.
Montmorency, junto con alguno de los asistentes a aquella conferencia inaugural de El Club de las Ideas, creó, varios años después, la legendaria agencia de publicidad Perrivale&Perrivale, considerada por muchos como la cuna de la creatividad moderna.

1 comentario:

ML dijo...

Me ha encantado esta historia.

No dejes de escribir como lo haces. Felicidades!

Majé